Centella tiene vida propia. Centella es celeste y naranja, con un canasto que carga atrás y un pizarrón que dice su nombre. En ese canasto lleva libros. ¡Bah!, en realidad traslada un mundo mágico para los chicos: los cuentos.

Hoy la accionan Carmen Ullivarri y Cynthia Henriquez, pero antes deambuló por las calles de otro barrio llevando los cuentos de Amelia, una narradora que tenía "El ponchito mágico". Centella es una tricicleta o, mejor dicho, una tricibiliomóvil.

Carmen y Cynthia son las cuentacuentos. Domingo de por medio estacionan en la plaza San Martín e invitan a los chicos a escuchar sentados en semicírculo. Ponen banderines de colores, otro pizarrón y una manta larga con almohadones para delimitar el espacio de lectura. Poco a poco los chicos se van sentando y así cierran el día en la plaza. Nunca les falta auditorio.

"Nos preguntábamos el otro día por qué hacemos esto y coincidíamos en que es muy mágico levantar la mirada y ver las caritas de los chicos cuando entran en la historia y te miran atentamente", comenta Carmen. Ella es salteña y licenciada en Artes. Antes de vivir en Tucumán ya había comenzado con esta aventura de leerles a los niños en su pueblo de Santa Rosa gracias a una biblioteca que su mamá manejaba.

A principios de 2011 comenzó a sentarse a leer en la plaza San Martín. Poco a poco la fueron conociendo y además de los chicos se acercó Cynthia. Juntas continuaron la tarea.

La llegada de Centella fue clave y con ella cerró todo. "Amelia nos conoció cuando estábamos leyendo cuentos en una librería. Se acercó a nosotras y nos dijo que quería entregarnos su tricibibliomóvil", explica Carmen. Ese fue el comienzo de la amistad.

Su hogar
Cuando no está de ronda, Centella duerme en "La Puerta", espacio de arte que nació en 2010. Una casa vieja reciclada que manejan Carmen y Silvia Martínez.

En la habitación donde funcionaba una herrería ahora se organizan talleres, y en los patios interiores, algunas muestras colectivas. La idea de "La Puerta" es que sea un lugar en el que los artistas puedan mostrar lo que hacen.

En el patio, Centella descansa a la sombra, esperando el próximo destino. Puede ser un centro cultural, una biblioteca, una librería u otros espacios culturales. Donde la reclamen, irá con sus cuentos.

En la biblioteca infantil figuran varios autores argentinos, María Teresa Andruetto o Gustavo Roldán, pero también algunos foráneos como Ítalo Calvino o Ray Bradbury. "Lo único que debemos procurar es que los cuentos sean cortos para que puedan ser efectivos en la relación tiempo-atención", apunta Carmen.

De vez en cuando también se unen otros narradores que llevan sus propios textos para leerl y así conocen la reacción de los chicos. Si bien no es una teatralización, las chicas ponen empeño en los cambios de tono, las mímicas y los gestos para no perder la atención del público.

Antes de Centella solo llevaban un par de libros, pero ahora en el canasto pueden cargar muchos más. Luego de la lectura invitan a los niños a que los saquen y los vean. Los ayudan a interpretar las imágenes, a tocar sus hojas a sentir un libro entre sus manos. ¡Ah! y antes de la despedida viene la pasada de la gorra, porque con algo hay que seguir alimentando la biblioteca.

"Nos damos cuenta de que muchos nunca han tenido la experiencia de estar en contacto con la literatura. Nosotras dejamos que los agarren, los miren, los hojeen y antes de irnos que los devuelvan al canasto". Y así Centella va dejando en el camino mentes inquietas y llenas de palabras.

El oso 
María Teresa Andruetto 

Los animales del día y los animales de la noche se reunieron para decidir qué harían con el sol, que por entonces llegaba y se iba cuando quería. Los animales resolvieron dejar el asunto en manos del azar. El bando que venciera en el juego de las adivinanzas decidiría cuánto tiempo habría de durar, en lo sucesivo, la luz del sol sobre el mundo. Estaban en eso cuando el sol, intrigado, se aproximó. Tanto se acercó el sol que los animales de la noche tuvieron que huir a la disparada. El oso fue víctima de la urgencia. Metió su pie derecho en el mocasín izquierdo y el pie izquierdo en el mocasín derecho. Así salió corriendo, y corrió como pudo. Según los indios comanches, desde entonces el oso camina hamacándose.

Bendición de dragón 
Gustavo Roldán 

Que las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas. 

Que el viento llegue lleno del perfume de las flores. 

Que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar. 

Que las nubes cubran el sol cuando estés solo en el desierto. 

Que los desiertos se llenen de árboles cuando los quieras atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que hace falta. 

Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia. 

Que nunca te falte el fuego. Que nunca te falte el agua. 

Que nunca te falte el amor. Tal vez el fuego se pueda prender. 

Tal vez el agua pueda caer del cielo. Si te falta el amor, no hay agua ni fuego que alcancen para seguir viviendo.